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viernes, 17 de febrero de 2017

"Historia del órgano"



Interesantísima caja de 4 DVDs del sello Arthaus

Publicados originalmente en 1997, estos 4 DVDs han sido ahora agrupados en una caja (casi un cajón) de precio medio. Con los títulos "Orígenes latinos", "De Sweelinck a Bach", "La edad de oro" y "La edad moderna", esta interesante publicación recorre la historia de la música para el "instrumento rey", desde Frescobaldi, Cabezón, Correa de Arauxo y Attaignant hasta Jehan Alain y Messiaen -pasando por Grigny, Couperin, D'Aquin, Sweelinck, Weckmann, Buxtehude, Marchand, Dandrieu, Bach, Franck, Widor y Max Reger, con interpretaciones de numerosas páginas completas (y otras que no lo están) a cargo de organistas como René Saorgin, Francis Chapelet, Jean Boyer, Gustav Leonhardt, Bernard Foccroulle, Hans Heintze, André Isoir, Louis Robilliard y Marie-Claire Alain, y en multitud de instrumentos de Italia, España, Holanda, Alemania, Suiza y Francia, órganos procedentes de épocas muy diversas, desde el Renacimiento hasta el siglo XX.

Así, podemos ver y escuchar, e incluso en varios casos comprobar cómo funcionan, órganos como el de las iglesias de San Carlo Borromeo de Brescia, San Sebastián de Abarca de Campos, San Esteban, en Castromocho y Santa María en Frechilla (tres pueblecitos de Palencia), Saint-Jacques et Saint-Christophe en Houdan, el de la Nieuwe Kerk de Amsterdam, San Ludgeri (Norden), San Pedro y San Pablo en Cappel (Alemania), el de la Catedral de Santa Cecilia en Albi, el de Notre Dame de Plaisance, el de San Salvador en Saorge (Francia), el imponente de la Basílica de San Martín en Weingarten, el de San Francisco de Sales de Lyon y quizá el más impresionante de todos ellos, el de la Hofkirche San Leodegar, en Lucerna, con un tubo extremadamente grave, de once metros de longitud (!).  

No solo se hace este apasionante recorrido histórico de la mano de notables y hasta excelentes instrumentistas, sino que además se visitan talleres donde se construyen artesanalmente. Varios constructores y expertos explican y muestran cómo se construyen y los secretos que encierran los órganos. También las músicas que se interpretan son introducidas o explicadas por los intérpretes o conocedores. El film (que, por cierto, podía haber sido comprimido en dos o tres DVDs), está realizado cuidadosamente por Nat Lilenstein y tiene dos puntos muy a favor: primero, que casi todas las grabaciones son técnicamente muy destacadas (con la excepción de la realizada en la iglesia de San Francisco de Sales, que suena muy reverberante y hasta confusa) y, segundo, y no menos decisivo, que -¡milagro!- cuenta con subtítulos en español, y eso que se habla muchísimo a lo largo de las cuatro horas del programa.

Destacaría el final del cuarto DVD, que se cierra con interpretaciones a cargo de la genial Marie-Claire Alain en el referido órgano de Lucerna de Los Pastores de Messiaen y de la Segunda Fantasía y las Letanías de Jehan Alain (1911-1940), compositor de extraordinario talento muerto en la Segunda Gran Guerra a los 29 años. Su hermana explica las sorprendentes cualidades de estas obras, y las pone de manifiesto en sus sabias interpretaciones.

martes, 14 de febrero de 2017

Gustavo Dudamel en el Concierto de Año Nuevo en Viena de 2017



Dudaba si comprarme este blu-ray, por las razones que exponía en este blog el 3 de enero. Finalmente me animé al encontrarlo muy barato en una tienda (creo que estaba mal etiquetado: me parece que le habían puesto el precio del doble CD). No me arrepiento de la compra, pese a que el repertorio de 2017 ha sido en conjunto el más flojo desde que tengo recuerdo. Las 8 piezas que se ofrecían por primera vez son, sin duda, demasiadas, pues muy rara vez una nunca tocada en la Musikverein un primer día del año puede resultar un descubrimiento musical. Me pregunto quién elige el repertorio de estos conciertos: supongo que será un acuerdo entre el director y representantes de la Filarmónica de Viena. No es preciso llegar a lo que ocurrió en el dirigido por Karajan, en el que no hubo ni una sola pieza de poco valor musical; comprendo que se quieran añadir algunas rarezas, ¡pero no ocho! Creo que Dudamel se equivocó al aceptar esto (pues supongo que no sería idea suya...) 

Los dos primeros títulos del programa fueron nuevos: una poco valiosa Marcha Nechledil de Franz Lehár (de la poco conocida opereta Wiener Frauen, Mujeres de Viena) y la irrelevante Les Patineurs de Waldteufel. No era novedad Es gibt nur a Kaiserstadt, es gibt nur a Wien (Solo hay una ciudad imperial, Viena solo hay una) de Johann Strauss hijo, pero es si cabe más endeble aún que las dos anteriores. Creo que es un poco injusto decir que las interpretaciones de Dudamel fueron muy flojas: me parece simplemente que es poco menos que imposible sacar algo más de esas partituras. Con la cuarta pieza, la notable polca Winterlust de Josef Strauss, las cosas mejoraron. Volvemos al irregular "rey del vals": Mephistos Höllenrufe, nada mefistofélico, es una página insulsa, y así resultó (de hecho, ni Boskovsky ni Mehta sacaron mayor partido de ella). Algo mejor es, y algo mejor salió, So ängstlich sind wir nicht! del mismo autor (lejos, en cualquier caso, de Boskovsky y Barenboim). 

El comienzo de la segunda parte marcó el punto más alto de todo el concierto: un rotundo diez para la obertura Pique Dame de Suppé: vibrante, ardiente, de tempo muy flexible, con final exultante y brillantísimo. ¡La Filarmónica de Viena, absolutamente insuperable! Parece que tras la entusiástica reacción del público Dudamel se sintió más seguro de sí mismo y actuó con mayor soltura. Así, en el apreciable vals de Ziehrer Hereinspaziert! aplicó sin rubor, con decisión y sin que suene postizo o forzado un descarado rubato que parece marca de la casa de este continuador de los Strauss (escúchese, si no, este vals a Boskovsky o a Maazel, seguidores del genial Knappertsbusch con esta orquesta, Decca 1958, en otro vals de Ziehrer: Wiener Bürger). 
Delicada, emotiva y plateada Salida de la luna (Mondaufgang) de Las alegres comadres de Windsor de Otto Nicolai, fundador oficial de la Filarmónica vienesa, con el Coro Wiener Singverein. 

Volvemos a una de las piezas más tontorronas del concierto, la supuestamente españolista Pepita-Polka de Strauss II, seguida de otras dos del mismo autor: la más llevadera Rotunde-Quadrille y el vals Die Extravaganten, referido a un tipo de caballos que no veo qué puedan tener de extravagantes. Dudamel respondió a estos tres títulos en función del interés musical de cada uno. La vulgaridad impregna por completo el Indianer-Galopp de Strauss padre; su hijo Josef vuelve a elevarse bastante por encima de él (y de su hermano Johann cuando le abandona la inspiración) en en ländler Die Nasswalderin; también sube algo el nivel en la polca rápida Auf zum Tanze! de Johann hijo, autor también de una de las partituras más notables del programa, el vals Las mil y una noches, llevado por Dudamel con elegancia y tempo adecuadamante fluctuante (aunque aquí Carlos Kleiber y, sobre todo, Maazel resultan inalcanzables). Muy bien también la Tik-Tak-Polka del mismo, llevada a lo más alto por Boskovsky en el concierto de 1979. 

La polca rápida Mit Vergnügen de Eduard Strauss, primera de las propinas, marcó para mí el punto más bajo de todo el concierto: es una pieza vulgar, casi chabacana, que comprensiblemente no motivó al director venezolano (aun así, Maazel logró extraer algo de pólvora de ella en 1996). El Danubio azul fue notable gracias a su elegancia, con algo de decadente antes que de apasionado. Y especialmente muy bien la Marcha Radetzky, matizadísima en la dinámica. En casi todo el programa la Filarmónica de Viena lució su bellísimo e insustituible sonido, así como una precisión extraordinaria y una altura excepcional en los solos. Dudamel optó por una sonoridad ni especialmente liviana (Carlos Kleiber) ni especialmente robusta y rotunda o sinfónica (Karajan, Barenboim), manteniéndose en la línea más bien de Maazel, Muti o Prêtre, aun sin alcanzar en general el grado de belleza y sensualidad del primero y el tercero de esos.

En este blu-ray del sello Sony, técnicamente al más alto nivel imaginable, tanto en imagen como en sonido (¡a diferencia del de Mehta en 2015, en el mismo sello!) no se da opción de ver solo la Sala Dorada o bien los ballets, sino que ofrece como bonus el vals Hereinspaziert! con solo baile (creo que muy conseguido en la coreografía de Renato Zanella). El documental de 24 minutos que constituye el otro bonus, El ritmo de Viena, firmado por Robert Neumüller, me ha parecido visualmente fascinante, uno de los mayores atractivos de esta publicación.

viernes, 10 de febrero de 2017

David Robertson y la Sinfónica de San Luis en Ibermúsica



Copland, Rolf Wallin y Beethoven

El estadounidense (Santa Mónica, California, 1958) David Robertson dirigió anoche, 9 de febrero, por primera vez para Ibermúsica (esta noche lo hará de nuevo) al frente de la Orquesta de la que es titular desde 2004, la St. Louis Symphony. Fue un concierto destacado y agradable, pues la Orquesta es disciplinada y poco personal, pero más que competente; lo más endeble me parecieron las trompetas y los contrabajos, mientras contaba con solistas espléndidos como el primer flauta, el primer clarinete y la primera oboe. La suite de Appalachian Spring de Copland (Manantial de los Apalaches, según el autor de las notas, Carlos de Matesanz, y no Primavera Apalache como se suele traducir) recibió una lectura muy adecuada desde el punto de vista ambiental o evocador de los paisajes. Me parece una pieza con páginas felices que no se libra de alguna vulgaridad. Me pregunto si Kussevitzky, Ormandy, Bernstein, Dorati, Mehta o Tilson Thomas se hubiesen ocupado de llevarla al disco de haber sido compuesta por un español (Óscar Esplá, Rodolfo Halffter o algún otro): creo que no. Además, Copland tiene en su haber música mucho mejor (el Concierto para clarinete, por poner un solo ejemplo).

El sensacional trompetista sueco Hakan Hardenberger (n. 1961) tocó luego Fisher King, concierto del noruego Rolf Wallin (n. 1957) compuesto en 2011 y dedicado al solista que lo tocó anoche, con enorme solvencia, valiéndose de dos trompetas de diferentes tamaños y multitud de sordinas y otros artilugios. Es una obra que, al menos en una primera audición, resulta algo fatigosa (dura media hora) y farragosa, difícil de seguir y de una orquestación quizá aquí y allá en exceso frondosa. Wallin estaba presente en el patio de butacas y, al localizarlo, Robertson bajó de un gran salto y lo aupó al escenario.

No estaba yo muy animado para la segunda parte, y sin embargo Robertson y sus músicos ofrecieron una Séptima Sinfonía de Beethoven más que apañada: sensata, sin buscarle tres pies al gato y, sobre todo, muy vibrante, entusiástica y de vitalidad contagiosa. Sigo pensando que el Allegretto gana mucho si se toca como Andante, como suelen hacer los más grandes directores beethovenianos (lo que no ocurrió ayer). El trio del scherzo tuvo curiosos toques humorísticos. Y el finale, que empezó muy lúdico, fue cobrando más y más vigor en una visión -acertada, para mi gusto, aunque por supuesto caben otros enfoques- no poco orgiástica. Tras los insistentes aplausos, el simpático y comunicativo Robertson tuvo el detalle de preguntar al público, en español, si podían tocar algo más, a lo que todos dijimos al unísono: "¡¡Sí!!". Hicieron, con un sentido muy español, la Danza ritual del fuego de El amor brujo, muy bien tocada además: un buen detalle el de preparársela.

domingo, 5 de febrero de 2017

Los tres ciclos Sinfónicos Bruckner de Barenboim



Sinfónica de Chicago, 1973-1981 (DG); Filarmónica de Berlín, 1991-1998 (Teldec) y Staatskapelle Berlin 2010-2012 (DG)

Deutsche Grammophon acaba de publicar en una caja de 9 CDs (que se encuentra a un precio muy asequible) el tercer ciclo sinfónico de Anton Bruckner bajo la dirección de Daniel Barenboim, ahora con  la Staatskapelle Berlin. Se trata de las grabaciones de las tres primeras (no incluye la "Cero", presente solo en el primero de sus ciclos, el de DG con la Sinfónica de Chicago) grabadas en la Musikverein de Viena en junio de 2012 (aparentemente sin público) y las seis siguientes registradas en público en la Philharmonie de Berlín el mismo mes de dos años antes: estas seis recogen el audio de los DVDs/Blu-rays publicados por Accentus. Es, por descontado, el primer director en grabar tres veces este impresionante ciclo sinfónico, para algunos el más trascendental de la historia de la música (Sergiu Celibidache entre ellos).

Sin entrar en demasiados detalles, pues ya he escrito en varias ocasiones sobre estos discos, voy a intentar compararlos, una a una de las Sinfonías, dando mi opinión sobre cuál de las tres interpretaciones de cada una de ellas me gusta más. El primer ciclo (Sinfónica de Chicago, DG), grabado íntegramente en estudio, fue publicado entre 1973 y 1981, y el segundo (Filarmónica de Berlín, Teldec) entre 1991 y 1998; de estas fueron registradas en público todas menos la Cuarta y la Séptima. A mí no me resulta fácil decidirme globalmente por ninguno de los tres ciclos; es más, creo que es muy difícil encontrar tendencias claras en la evolución de Barenboim como intérprete de Bruckner: al margen de las dos primeras grabaciones (la Cuarta y la Novena de Chicago), algo inmaduras, escuchando a ciegas me parece bastante difícil atinar sobre si tal versión es de los años 70-80, de los 90 o de hace poco. Porque desde 1980 o 1981 la madurez está asegurada, y el de Buenos Aires parece gustar de ver una misma obra de modo bastante diferente en función de su estado de ánimo o de quién sabe qué otras circunstancias. Lo que sí es una constante de las interpretaciones del siglo XXI es una especial fluidez y naturalidad y una aún mayor sabiduría para enlazar mediante transiciones las diferentes secciones, algo en lo que suelen fallar incluso grandes directores no muy familiarizados con Bruckner. Y es seguro que -aparte de su descomunal talento- nadie hasta ahora ha hecho tanto Bruckner como Barenboim.

A su única "Cero" (de 1981) le daría un 9,5/ 9 (interpretación/sonido), siendo claramente la primera opción de la discografía (seguida de Solti/Chicago, Decca 1996 y Maazel/Radio Bávara, BR 1999). Las Primeras datan de 1981, 1998 y 2012 y mis calificaciones son, respectivamente, 9,5/9, 10/9,5 y 9,5/9,5. Otras muy grandes versiones son para mí las de Jochum/Filarmónica de Berlín (DG 1966) y Solti/Chicago (Decca 1996).
Las Segundas, de esos mismos tres años, merecen 10/8,5, 9,5/9 y 9,5/9,5. La única otra versión de altísimo nivel es la de Giulini/Sinfónica de Viena (EMI 1975).
Las Terceras (la Sinfonía a veces llamada "Wagneriana" por su dedicatoria al autor de Lohengrin) son de 1981, 1996 y 2012: 9,5/8, 10/9,5 y 8,5/9,5. Grandes interpretaciones son también las de Sanderling/Gewandhaus (Berlin Classics 1965), Böhm/Filarmónica de Viena (Decca 1971), Celibidache/Sinfónica de Radio Stuttgart (Exclusive 1981), Haitink/Filarmónica de Viena (Philips 1990) y Maazel/Filarmónica de Múnich (Sony 2013).

La Cuarta "Romántica" se nota que fue la primera sinfonía de Bruckner grabada por Barenboim: apuntó, ¡vaya si apuntó! maneras (por eso DG le encargó proseguir el ciclo), con toques de auténtica genialidad, pero también se aprecia cierta inmadurez; por eso la califico con 8/8; la de Teldec, de 1993, es todo lo serena (casi seis minutos más lenta) que encendida era la anterior. Le pondría un 9,5/8; la misma nota que a la de 2010 (9,5), que en varios aspectos es una especie de síntesis de las anteriores y que suena bastante mejor (9,5). Aun así, mi Cuarta preferida de este director, la única de las suyas a la que le pondría un 10, es la publicada por Deutschland Radio Kultur, también con la Staatskapelle, grabada en público en la Philharmonie el 15 de octubre de 2008. El único otro 10 sería para la mítica versión de Karl Böhm con la Filarmónica de Viena (Decca 1974).

La Quinta Sinfonía tiene para mi gusto otros dos 10: Klemperer/New Philharmonia (EMI 1967) y Solti/Chicago (Decca 1980). Ninguna de las de Barenboim alcanzaría esa nota: 9/8 tanto para la de 1978 como para la de 1992, y 9,5/9,5 para la de 2010. Para la Sexta, mi única calificación máxima correspondería a Celibidache/Filarmónica de Múnich (DVD Sony 1991). Se le aproximan Keilberth/Filarmónica de Berlín (Teldec 1963), Klemperer/New Philharmonia (EMI 1965), las dos de Solti/Chicago (CD y DVD Decca 1980, dos versiones distintas), Nagano/Deutsches Symphonieorchester Berlin (H. Mundi 2005) y las tres de Barenboim: 9/8 para la de 1978, 9,5/8,5 para la de 1995 y 9/9,5 para la de 2010.

Las Sextas reflejan un cierto ir y venir: la de 1978 es de 9/8, la de 1995 un 9,5/8,5, para volver a descender en 2010 a 9/9,5, la puntuación más baja para mi gusto a causa de un primer movimiento algo expeditivo; el Adagio es, en cambio, de una serenidad y belleza turbadoras. Atención en esta última a la primera trompa, la jovencísima y sensacional Patricia Gerstenberger. Magníficas también las grabaciones de Keilberth/Filarmónica de Berlín (Teldec 1963), Klemperer/New Philharmonia (EMI 1965), Solti/Chicago (Decca 1980), Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI 1991) e incluso Nagano/Deutsches Symphonieorchester Berlin (H. Mundi 2005). 

En las Séptimas volvemos a encontrarnos con una evolución similar a la apreciada en las "Románticas": una de 1980 mejorable (8,5/8) -aunque no por exceso de vehemencia como en la , sino tal vez por cierta falta de personalidad-, otra de 1993 madurísima y de belleza cegadora (10/8), que el llorado y no muy barenboimiano Ángel Mayo tenía por su favorita de toda la discografía, y una de 2010 (9/9,5) en la que de algún modo se sintetizan puntos de vista anteriores. La Séptima es, junto con la Octava, quizá la sinfonía de este autor más favorecida por el disco: desde Furtwängler/Berlín (EMI 1951) y Böhm/Viena (DG 1977) a Solti/Chicago tanto en DVD como en CD (Decca 1978 y 1988), Giulini/Viena (DG 1987), Karajan/Viena (DG 1990) y hasta Haitink/Chicago (CSO 2007), pasando, sobre todo, por su más genial intérprete, aun extremista por su lentísimos tempi: Celibidache/Filarmónicas de Múnich (EMI 1990) y Berlín (DVD/Blu-ray EuroArts 1992).

La primera Octava de Barenboim (1981) ya fue colosal (9,5/9,5), como lo ha sido la de 1995 (9,5/9), pero mis preferencias se inclinan por la de 2010 (10/9,5). Las tres, por cierto, son bastante similares en sus planteamientos, en las antípodas de Celibidache/Múnich (EMI 1990), otro de 10. También me parecen sensacionales Klemperer/New Philharmonia (EMI 1973, pese al terriblemente abreviado finale), Karajan/Berlín (DG 1976), Böhm/Viena (DG 1977), Karajan/Viena en San Florián (DVD DG 1979), Giulini/Viena (DG 1985), Karajan/Viena (DG 1989), Haitink/Viena (Philips 1996), Wand/Berlín (RCA 2001), Haitink/Dresde (SD 2002) e incluso Nagano/Deutsches Symphonieorchester Berlin (DVD Arthaus 2006).

La Novena es, en cambio, una sinfonía más esquiva: grandes brucknerianos (¡Celibidache!) creo que no han acertado plenamente en ella. Sí lo han hecho Klemperer (EMI 1973), Solti/Chicago (Decca 1986) y, sobre todo, Giulini/Viena (DG 1989), quizá el único 10 hasta ahora. Barenboim ha progresado desde 1976 (8,5/8) hasta 9,5/9 en 1991 y 9,5/9,5 en 2010. En la versión no comercializada (¡ojalá lo sea!) que circula por ahí en imágenes, que ha tenido lugar en el Carnegie Hall de Nueva York el 20 de enero de este mismoaño 2017, Barenboim y la Staatskapelle sí que creo que merecen otro 10: además de convencer por completo en el scherzo y conmocionar hasta el límite en el finale, por fin creo que ha tocado fondo en el movimiento inicial. Ese concierto, que culminaba la serie de las nueve en la famosa sala neoyorkina (por primera vez todas seguidas en una ciudad de EEUU), mereció 16 minutos de aplausos enfervorizados, mientras Barenboim saludaba, uno a uno, al centenar de los músicos de una pletórica Staatskapelle. 

También han trascendido hace poco en imágenes las tres primeras Sinfonías de Bruckner que esta orquesta y director han ofrecido en la Philharmonie de París (¡magnífico edificio de Jean Nouvel!) los días 5, 6 y 7 de enero de este año. Primera y Segunda son bastante equiparables y hasta parecidas a las de 2012, mientras la Tercera ha sido sin duda superior. Por cierto, en estas tres me ha llamado mucho la atención un auténtico nuevo virtuoso de los timbales, un chico joven muy moreno (¿de procedencia árabe?).

martes, 31 de enero de 2017

PRIMEROS "GURRELIEDER" ESCENIFICADOS



La idea de escenificar esta especie de gigantesca cantata para solistas, coro y orquesta me resultaba a priori tan interesante como complicada y arriesgada; es al parecer la primera vez que se hace. Pues bien, vistos los resultados de este DVD/Blu-ray del sello Opus Arte, creo que ha merecido la pena. No siempre entiendo la acción que propone el conocido Pierre Audi (n. 1957), pero no cabe duda de que buena parte del tiempo funciona y de que el director de escena libanés formado en Oxford (¿volverá a ser posible esto después del Brexit?) logra imágenes de gran fuerza. Apoyado, desde luego, en cantantes -coro incluido- que actúan realmente muy bien y con gran convicción. Al margen de la escena, lo que he podido disfrutar es la extraordinaria calidad musical de la interpretación. Marc Albrecht (Hannover, 1964), hijo del no muy conocido director George Alexander Albrecht, es desde 2012, y tras su paso por la Orquesta Filarmónica de Estrasburgo, director musical de la Orquesta Filarmónica y de la Ópera Neerlandesa; conocía su sintonía -como la de su padre- con la música del siglo XX, y aquí demuestra su competencia técnica y su honda comprensión del diverso lenguaje schoenbergiano, tanto el de las primeras páginas de la enorme partitura, claramente en la línea post-romántica, como en las ásperas y crudas -antirrománticas- escenas siguientes. Los Coro de la Ópera Holandesa y del Forum de Essen, muy bien conjuntados, responden de modo admirable, y lo mismo puede decirse de la Orquesta, en un cometido no menos expuesto. Realmente, el joven director alemán puede equipararse, poco más o menos, a sus colegas más ilustres al frente de conjuntos corales y orquestales de primera línea internacional: Boulez (Sony 1975), Ozawa (Philips 1979), Chailly (Decca 1990), Mehta (Sony 1992), Sinopoli (Teldec 1996) o Rattle (EMI 2002).

Y no menos puede afirmarse del elenco vocal reunido por la Ópera Neerlandesa: me parece que ni un solo reparto vocal ha sido globalmente superior a este, hasta la fecha. Como Waldemar, el tenor Burkhard Fritz, aun sin una voz del suficiente squillo, canta con una técnica y un sentido musical ejemplares, transmitiendo con intensidad y sin excesos la angustia y la rebeldía del atormentado personaje (entre tenores excelentes como Jess Thomas -Boulez-, Jerusalem -Chailly-, Thomas Moser -Sinopoli, Rattle- o Heppner -Levine-, sigue pareciéndome James McCracken, con Ozawa, el más impresionante). La soprano Emily Magee (Tove), en un momento de plenitud dramática sin merma de su plateado timbre, puede codearse con Norman -Ozawa-, Marton -Mehta-, Voigt -Sinopoli, Levine- o Mattila -Rattle-, entre sus competidoras más destacadas. En cuanto a Anna Larsson como Paloma del bosque, su potencia puede impactar tanto como las cualidades de cualquiera de sus colegas (Minton -Boulez-, Troyanos -Ozawa-, Fassbaender -Chailly-, Quivar -Mehta-, Larmore -Sinopoli-, Von Otter -Rattle- o W.Meier -Levine-), si bien Janet Baker (con Ferencsik, EMI 1974) sigue en mi opinión imbatible. No recuerdo haber escuchado antes al barítono-bajo Markus Marquardt (Campesino), pero no desmerece frente a Nimsgern -Boulez-, Weikl -Sinopoli- o Quasthoff -Rattle-. Y en cuanto a Klaus el loco de Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, me ha gustado tanto como el que más, es decir Philip Langridge (con Rattle). Muy convincente, también, finalmente, la Narradora de la actriz luxemburguesa Sunnyi Melles, quien sin embargo no me hace olvidar a Günter Reich (Boulez), Werner Klemperer (Ozawa), Hotter (Chailly, Mehta), Brandauer (Sinopoli) o el mismo Quasthoff (Rattle); tal vez se pueda deber a que encuentro preferible una voz masculina (o que estoy más acostumbrado a ella)... (Nota personal: mientras veía los saludos de los intérpretes al final de la representación y pensaba en lo acertada que había sido la elección del elenco, me encuentro en los títulos de crédito con que el responsable del mismo es Jesús Iglesias Noriega, excompañero mío en el Teatro Real y que ahora es algo así como consejero artístico en la Ópera Neerlandesa: ¡mi enhorabuena, Jesús!).

Ya existía una versión en DVD (D.G. 2012) de los Gurrelieder, dirigida por Josep Pons, pero se trata de la filmación de un concierto, no escenificado: pese a su esforzado trabajo, no alcanza a las citadas ni por su elenco ni por sus contingentes coral y orquestal, considerablemente más modestos.


DISCOGRAFÍA DE LOS "GURRELIEDER" DE SCHOENBERG  (*DVD/Blu-ray)

1965    DG      Schachtschneider/Borkh/Töpper/Engen/Fehenberger/H.H.Fiedler
                        Kubelik/Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara

1974    EMI     Young/Arroyo/Baker/Odd Wolstad/Niels Möller/Patzak
                        Ferencsik/Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Estatal Danesa

1975 Sony       J.Thomas/Napier/Minton/Nimsgern/Kenneth Bowen/Günter Reich
                        Boulez/Coros y Orquesta Sinfónica de la BBC

1979 Philips    McCracken/Norman/Troyanos/David Arnold/Kim Scown/W.Klemperer
                        Ozawa/Coro del Festival de Tanglewood/Orquesta Sinfónica de Boston

1990 Decca     Jerusalem/Susan Dunn/Fassbaender/H.Becht/Peter Haage/Hotter
                        Chailly/Coros de Berlín y Düsseldorf/Orquesta Sinfónica de Radio Berlín

1992 Sony       Gary Lakes/Marton/Quivar/John Cheek/Jon Garrison/Hotter
                        Mehta/New York Choral Artists/Orquesta Filarmónica de Nueva York

1995 DG         Jerusalem, Sweet, Lipovsek, Welker, Langridge, Sukowa
                        Abbado/Coros de Viena y Bratislava/Orquesta Filarmónica de Viena

1996 Teldec    T.Moser/Voigt/Larmore/Weikl/Riegel/Brandauer
                        Sinopoli/Coros de Dresde, Leipzig y Praga/Staatskapelle Dresden

2002 EMI        T.Moser/Mattila/Von Otter/Quasthoff/Langridge/Quasthoff
                        Rattle/Coros de Berlín y Leipzig/Orquesta Filarmónica de Berlín

2004 Oehms    Heppner/Voigt/W.Meier/Eike Wim Schulte/Matthew Polenzani/E.Haefliger
                        Levine/Coros de Múnich y Bamberg/Orquesta Filarmónica de Múnich

*2011  DG      Nikolai Schukoff/Melanie Diener/C.Hellekant/José A. López/F.Vas/B.Sukowa
                        Josep Pons/Coros de Barcelona/Orquestas Jóvenes de Cataluña y España

*2016 OpusA  B.Fritz/Magee/Larsson/Markus Marquardt/Ablinger-Sperrhacke/Sunnyi Melles
                        Marc Albrecht/Coros de Ámsterdam y Essen/Orquesta Filarmónica Neerlandesa

martes, 24 de enero de 2017

La Obra de Cámara completa de Brahms: un Blu-ray de EuroArts "obligatorio"



En una época en la que se publican tantas tonterías -discos de cellistas jóvenes y guapas, de pianistas jóvenes y guapos, de violinistas u organistas extravagantes, quienes, en el mejor de los casos, son notables, cuando no abiertamente detestables- uno se reconcilia con la industria disco-videográfica cuando se encuentra con publicaciones como este Blu-ray de 986 minutos de duración (o sea, casi 16 horas y media), que demuestra que alguien se ha ocupado de buscar todo lo que existiese filmado de estas 25 obras maestras, que ha encontrado que todas lo estaban (¡quién lo hubiera creído!) y que ha gestionado todos los permisos (labor que puede ser latosísima) para ofrecer esta recopilación, que tiene un nivel interpretativo medio muy alto. De todo esto, solo estaba anteriormente en DVD una parte mínima: me parece que solo los 3 Tríos para piano, violín y cello y el Trío con clarinete; del resto, una parte pequeña salió en su día en vídeo VHS y laser disc, soportes ya hoy antediluvianos, y alguna que otra cosa pudo haberse visto en las televisiones alemanas o francesas que ofrecen música clásica; el resto, ni eso... Pues bien, han hallado hasta el Scherzo F.A.E. para violín y piano, por David Oistrakh y Frieda Bauer (de 1962, lo único en blanco y negro), una interpretación por cierto, espléndida, en la que a la pobre pianista casi no se la ve.

Las 7 Sonatas
Las 3 Sonatas para violín y piano, grabadas en el Chicago Symphony Hall el año 1991, fueron publicadas en CD y laser disc por Sony y recibieron unas críticas enormemente laudatorias, en mi opinión en exceso, pues, tanto en la (Allegro molto moderato) como en la (Allegretto grazioso, quasi andante), los finales resultan algo expeditivos. La es, en cambio, extraordinaria: una visión muy dramática, amarga y hasta rabiosa. El sonido Itzhak Perlman es glorioso, e intensísimo su lirismo, mientras que el de Daniel Barenboim no me parece todo lo brahmsiano que suele (¿será, en parte, debido a la toma de sonido? En todo caso, aquí suena mucho mejor que en el CD). El de Buenos Aires me convence más en su anterior grabación con Zukerman (DG 1975) y, sobre todo, en la posterior de la Tercera con Vengerov (Teldec 1999). Un gran acierto me parece la filmación, a cargo del conocido productor de vídeos de conciertos clásico János Darvas, con mucho el más habitual en esta publicación del sello EuroArts. 

Las 2 Sonatas para cello y piano me parecen lo más flojo de toda la recopilación: aunque Miklós Perényi posee un sonido bello -no muy grande-, musicalidad cierta y un buen fraseo, creo que él y el pianista Zoltán Kocsis -de sonido seco y duro, poco Brahms- cometen un grave error por el tempo, desquiciadamente rápido (5'30" frente a los más de 6'30" de media), del finale de la y, en menor medida, del de la . Filmadas en el Castillo de Faber-Castell (sí, como los lápices) de Stein, cerca de Núremberg en 1990, puede que los programadores no hayan encontrado otra opción mejor (yo no conozco ninguna), pero no deja de ser un borrón en la colección. Desconocía las 2 Sonatas para clarinete y piano grabadas en 1996 por Metropolitan Múnich (como las de cello) a cargo de Wenzel Fuchs (solista de la Filarmónica de Berlín) y Elena Bashkirova: la 1ª merece, para mí, el primer 10 de la serie. El sonido y la capacidad de matización de Fuchs son ilimitados, y la prestación de la esposa de Barenboim, sensacional (superior, sí, a la de su esposo en su grabación con el virtuoso Gervase De Peyer, de sonido poco adecuado). A un nivel musical casi tan portentoso se halla la .

Los 5 Tríos
Acierto mayúsculo en todos ellos: los tres Tríos de piano, violín y cello (Metropolitan 1997) corrieron a cargo de la Bashkirova, Maxim Vengerov y Boris Pergamenschikov, tres solistas de campanillas estrechamente conjuntados en cuanto a musicalidad y empaste sonoro; el creo que merece el segundo 10, y casi casi tanto los dos anteriores. El Trío para piano, clarinete y violonchelo (publicado antes en DVD junto a esos tres por EuroArts) es otra diana a cargo de la misma pianista, el clarinetista Fuchs y el cellista, también espléndido, Dietmar Schwalke, de la Filarmónica de Berlín. El Trío para piano, violín y trompa, filmado en el precioso y recogido Teatro de Ópera del Margrave de Bayreuth en 1991 -y publicado en origen por Sony en VHS y laser disc- constituye la mayor cima de esta recoplicación; tres músicos excepcionales dando lo mejor de sí: Barenboim, Perlman y Dale Clevenger (primer trompa de la Sinfónica de Chicago, de sonido glorioso y regulación dinámica ilimitada) ahondaron al límite en esta magna partitura, poco conocida por su dificultad de ejecución, logrando un incomprensible empaste sonoro entre tres instrumentos tan difíciles de fundir, una interpretación brahmsiana a más no poder que deja en la cuneta a cualquier otra grabación de esta Op. 40 (decepcionantes casi todas, incluso ridículas algunas).

Los 6 Cuartetos
Conocía muy poco del Cuarteto Keller, grupo húngaro que aquí me ha sorprendido muy favorablemente. Grabados en 1994 con magnífico sonido (a cargo de Kees de Visser), sus tres Cuartetos, op. 51/1 y 2 y op. 67, son intensos, vehementes y en algún episodio (Vivace del Tercero) en exceso expeditivos. El nivel técnico de ejecución es muy alto, habiéndome llamado la tención en especial el viola, Zóltan Gál. No entiendo por qué no han asumido los tres Cuartetos con piano filmados por Sony en 1991: solo han escogido el Segundo, op. 26: Emanuel Ax, Isaac Stern (con el sonido un poco perjudicado por la edad, pero tan gran artista como siempre), Jaime Laredo y Yo-Yo Ma logran una interpretación excepcional. Algo menos los encargados de tocar el Primero y el Tercero (1993): la violinista Yuuko Shiokawa no da la talla -sonido algo seco y metálico-, pero por suerte se mantiene musicalmente en la órbita de los otros tres espléndidos solistas, Nobuko Imai, Miklós Perényi (muy cabal aquí) y el piano de András Schiff.

Los 4 Quintetos
Cuatro de los cinco Quintetos de Brahms de esta publicación están a pedir de boca: son los de cuerda interpretados en 1997 por el Cuarteto Takács y Nobuko Imai de primera viola en un precioso hotel antiguo de Badenweiler, sala pequeña con estupenda acústica -preciosa realización, una vez más, de János Darvas-. La belleza y la intensidad emocional de las versiones es enorme (no entiendo por qué los Cuartetos de cuerda que el Takács grabó en audio para Decca no tienen este nivel). Tampoco lo tiene el Quinteto con piano, perjudicado sin duda por el bruto piano, sempre forte e sempre percutente, de Kocsis, que debe de creer que está tocando Bartók, autor al que sí hace justicia. La para mí más bella partitura camerística de Brahms, el Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda, está tan admirable como emocionantemente puesta en sonidos por el antiguo clarinete de la Filarmónica de Berlín -Karl Leister, de sonido ideal para este compositor- y cuatro compañeros suyos de la orquesta: Bernd Gellermann y Bernhard Hartog, violines, Wolfram Christ, viola, y Jörg Baumann, cello (Metropolitan Múnich 1989). Sin duda, una interpretación de primer orden de esta obra capital (de la que Federico Sopeña decía que era, junto al Quinteto con dos cellos de Schubert, lo más extraordinario de toda la música de cámara del siglo XIX posterior a Beethoven. Opinión que comparto). Lástima que la calidad técnica sea en esta ocasión manifiestamente mejorable.

Los 2 Sextetos y los "bonus"
Los dos Sextetos están tocados en 1996 por el llamado Sexteto de Cuerda de Viena, cuyos componentes, la verdad, no me suena haberlos visto en la Filarmónica de la capital austríaca (¿serán de la Sinfónica?). Suenan muy bien (sí, a Brahms) y tocan muy bien pero no tocan fondo en estas obras, en especial en el Op. 18, algo apresurado en sus hermosos e hiperexpresivos dos primeros movimientos; bastante mejor el Op. 36, sin hacer olvidar la grabación de audio de Menuhin, Aronowitz, Gendron y compañía (EMI 1964-65). Pero, la verdad, la valoración global sobre la colección me parece muy positiva, y permite por primera vez no ya escuchar, sino también ver todas estas obras que deberían ser objeto de devoción de todo buen melómano (aunque me temo que distan de serlo).
Como bonus, contamos con dos obras para dos pianos: las Variaciones Haydn y la Sonata op. 34b (transcripción del Quinteto con piano) a cargo de los hermanos Anthony y Joseph Paratore (1989), de sendos documentales: uno con los intérpretes del Segundo Cuarteto con piano y otro con Imai y los componentes del Takács y, finalmente, de un film de Darvas (de casi una hora) titulado "Pero no para mujeres... Dr. Brahms, Johannes Brahms". Confieso que antes de verlos no me reprimo ya, sin esperar más tiempo, para animarles a que se hagan con este blu-ray. Máxime si hacen el cálculo: la hora de música sale a menos de cuatro euros.

miércoles, 18 de enero de 2017

Uno de los mejores álbumes de mi discoteca



"Janet Baker. The great recordings"

Lo es, sin duda, el que hace poco ha editado Warner Classics con todos los fondos EMI (más unos pocos de Virgin y de Erato) conteniendo en 20 CDs las grabaciones de (Dame) Janet Baker, para mí, sin asomo de duda, la mezzosoprano más admirable que he escuchado jamás. La cantante nacida en Hatfield, Yorkshire, el 21 de agosto de 1933, ganadora en 1956 del segundo premio (¿quién diantres obtendría el primero?) en el Concurso Kathleen Ferrier y a continuación discípula en Salzburgo de Lotte Lehmann, se descubrió desde bastante joven -incluso antes de que comenzase a grabar para EMI, pues tiene algunos discos anteriores para Decca- como una artista absolutamente excepcional.

La más grande de las mezzosopranos
Realmente lo tiene todo: un timbre de gran belleza -lírico pero con una voz llena y amplia-, una técnica de fábula -capaz de un legato memorable y de una ilimitada capacidad de regulación dinámica, hasta un inenarrablemente bello pianissimo en el registro agudo- y, sobre todo, más asombroso aún, una musicalidad como muy pocos cantantes en todo el siglo XX: tal vez solo Fischer-Dieskau ha llegado a semejantes estratosféricas alturas.

A pesar de que este álbum no contiene testimonio de algunos de sus papeles operísticos más logrados, como su Penelope de Il ritorno di Ulisse de Monteverdi, su Dido en Dido y Eneas de Purcell, su Giulio Cesare haendeliano y otros del período barroco, su inconmensurable Orfeo del Orfeo ed Euridice haendeliano, su Dorabella del Così fan tutte de Mozart, su Maria Stuarda donizettiana o el rol titular de La violación de Lucrecia de Britten, presenta multitud de lieder en varias lenguas, numerosas partes en obras sacras y profanas de muy diversas épocas, y es tan extraordinaria en todas ellas que su arte parece realmente no conocer límites (bueno, naturalmente que los tiene: nunca abordó -e hizo muy bien- papeles muy dramáticos, por ejemplo de Verdi, Wagner o Strauss).

Comentar aunque fuera brevemente las interpretaciones de esta caja (que se puede encontrar muy, muy barata) sería demasiado aburrido por la constante proliferación de adjetivos laudatorios, así que procuraré ser parco en el recorrido por el ingente repertorio que contiene.

CD 1: "la primera en la frente", como se suele decir: sus tres arias de Monteverdi -el Lamento de Ariadna y las dos arias de Octavia en La coronación de Popea (Leppard, 1969: daré siempre fechas de grabación, no de publicación)- son tan sobrecogedoras que te dejan, ya desde el minuto uno, sin habla. El LP original se completaba con otras dos joyas: la Cantata pastoral de Alessandro Scarlatti y la Salve Regina de su hijo Domenico. Rellenan el CD con dúos de Schütz, Schein y un tal Lilius (s. XVII) junto a Dietrich Fischer-Dieskau y el clave de George Malcolm (1970).

Los 20 CDs
 
CD 2: Dowland, Campion, Purcell, Monro, Boyce y Arne con el clavecinista Martin Isepp (1967), dúos de Henry y William Lawes (preciosos los dos de este) así como Haendel, con Dieskau y Malcolm (1970, en público como los del CD anterior). Sigue un recital con dúos de Purcell, Mendelssohn (¡maravillosos unos y otros!), Fanny Mendelssohn y Cornelius con Dieskau y Barenboim (en público, 1969): ¡sin palabras!

CD 3: en lugar de extraer las arias como han hecho en las obras más extensas, con muy buen criterio han puesto íntegras las dos Cantatas de Bach: BWV 82 "Ich habe genug" y 169 "Gott soll allein mein Herze haben", dirigidas admirablemente en 1966 por Menuhin. De Baker decir que solo Dieskau ha ahondado hasta tal punto en la 82. Han añadido arias de Bach dirigidas por Gönnenwein (1967) Willcocks (1970) y Marriner (1975).

CD 4: un aria de Stölzel y once de Bach, con Marriner (1975), Sir Philip Ledger (1977) y un tal Otto Klemperer (1967: las tres de la Gran Misa en Si menor; la última, "Agnus Dei", es una de las cosas más sublimes que haya escuchado jamás a una voz humana).

CD 5: dos arias de El Mesías con Mackerras (1966), dos cantatas de Haendel con Leppard (1967): Ah! crudel nel pianto mio y Armida abbandonata, absolutamente memorables.

CD 6: arreglos de Canciones folklóricas escocesas: 19 realizados por Haydn y 5 por Beethoven, con Menuhin al violín (¡!) y Malcolm al clave (1975). Se añaden los restantes dúos de Schumann (6) y Brahms (4), páginas ma-ra-vi-llo-sas grabadas en público el año 1969 junto a Dieskau y Barenboim. Goce superlativo.

CDs 7 y 8: los 31 lieder de Schubert (uno de ellos, Die Vögel, D 691, publicado por vez primera) grabados en 1967-1971 junto al inmenso Gerald Moore: uno de los recitales Schubert más admirables existentes en disco. Se completan con otros doce junto al también excelente Geoffrey Parsons (1980).

CD 9: otros dos lieder schubertianos con Moore y dos más con Parsons de los mismos años (ignoro por qué los han separado), 16 de Mendelssohn (varias joyas entre ellos) con Parsons (1980) y Amor y vida de mujer de Schumann con un Barenboim en general menos inspirado de lo esperable (1975).

CD 10: no ocurre así con la otra cara del LP original, que contenía el excelso Liederkreis op.39: aquí el pianista de Buenos Aires sí está a la altura que puede exigírsele. Más otro lied (Der Nussbaum) de Schumann con Moore (1972) y el contenido de un LP Brahms de 1977 con André Previn al piano (espléndido casi siempre): 8 lieder más los dos Cantos sacros op. 91 (estos junto al viola Cecil Aronowitz) y los colosales Cuatro Cantos Serios op. 121, cima liederística de su autor: ni siquiera su gran antecesora Kathleen Ferrier ahondó en ellos hasta tal punto.

CD 11: los 12 lieder de Liszt que grabase en 1979-80 con Parsons, un recital sensacional. Siguen cuatro de Hugo Wolf y dos de Mahler con Moore (1967-68).

CD 12: 8 lieder de Richard Strauss, varios de ellos excelsos, con Moore (1967, 1972), una incomparable Canción de la paloma del bosque de los Gurrelieder de Schoenberg de la obra completa con Ferencsik (1974) y el precioso ciclo de Respighi La Sensitiva, dirigiendo -muy bien- Richard Hickox (1990: la voz había perdido frescura y presentaba ya cierto filo; el arte seguía intacto).

CD 13: la Rapsodia para contralto de Brahms, los Wesendonck-Lieder de Wagner y 4 lieder con orquesta de Strauss con la Filarmónica de Londres y Boult (1975): inenarrable ella y desigual la batuta (floja en la Rapsodia). Para las Sea Pictures de Elgar (1965) y un aria de El sueño de Geroncio (1964), siempre con un colosal Barbirolli (London Symphony y Hallé), realmente no hay palabras. ¡Un diez se queda corto!

CD 14: ¿os lo podéis creer?: ¡el mejor disco del álbum! Los tres ciclos de Mahler -Kindertotenlieder, Rückert y Eines fahrenden Gesellen- más otro Rückert repetido (Ich bin der Welt) con un inmenso Barbirolli (Hallé, 1967 y New Philharmonia, 1969). El CD se completa con el Urlicht de la Sinfonía Resurrección (1986) con Rattle (lo mejor de la desigual versión).

CD 15: programa Berlioz, con el bellísimo ciclo Las noches de estío (Barbirolli/New Philharmonia,1969: a distancia por delante de cualquier otra versión) más la impresionante cantata La muerte de Cleopatra y dos grandes escenas de Los Troyanos: asombrosa Baker, una vez más, junto a una inesperadamente sensacional batuta de Sir Alexander Gibson (LSO, 1970).

CD 16: Shéhérazade de Ravel con Barbirolli/New Philharmonia (1967: está visto que la pareja Baker/Barbirolli fue siempre explosivamente genial), el hermoso Poema del amor y del mar de Chausson y cuatro bellas canciones de Duparc con un atmosférico a más no poder e inspiradísimo Previn en el podio de la London Symphony (1977): otras dianas difícilmente superables. El aria de Maragarita de La condenación de Fausto de Berlioz con Prêtre y la Orquesta de París, también estelar (1969), cierra el disco.

CD 17: mélodies (dos de Duparc, ocho de Fauré, seis de Debussy -las de Bilitis y otras tres-, una de Hahn, de Massenet, de Chabrier y de Gounod) con un Moore (1969) que se encuentra en su salsa también con los autores franceses -al igual que Baker, por cierto-. se añaden tres canciones de Berlioz con Hickox (1990).

CD 18: llegamos al mundo inglés de la canción: Parry, Stanford, Vaughan Williams, Quilter, Ireland, Gurney, Warlock, W. Busch, Britten, Burns, Sullivan, Hughes, Bax, Howells, Finzi (todos con Moore, 1967, 72 y 73), más "Out in the Lawn" de la Sinfonía Primaveral de Britten (Previn, 1978) y tres escenas de la ópera de Walton Troilus and Cressida, con Lawrence Foster, en vivo en el Covent Garden (1976). Completamente en su elemento.

CD 19: Mendelssohn: el más conocido de sus lieder, Auf Flügeln des Gesanges (Moore, 1972), las dos arias de mezzo del oratorio Elías en la mejor interpretación aún existente en disco (Frühbeck, New Philharmonia, 1968), el Salmo 42 íntegro y el aria de concierto Infelice, ambos con Hickox. Estos mismos intérpretes añaden una Rapsodia de contralto brahmsiana (también de 1989), bastante mejor dirigida que la de Boult.  

CD 20: otras Noches de estío de Berlioz de nuevo con Hickox, siempre con la City of London Sinfonia (1990) en las que Baker aún se conserva bastante bien de voz, pero que no hacen sombra a las de 21 años antes. Y 17 canciones sacras con certeros acompañamientos de Sir Philip Ledger al órgano (1981): desde el Ave Maria de Bach/Gounod a un espiritual negro (Were you there?) pasando por títulos de Parry, Liddle, Walford Davies, Vaughan Williams, Sanderson, E. Martin, Brahe, Warlock, D. Ford, Cleghorn y Plumstead (¡a algunos los conocerán en sus casas!), más un sublimemente cantado Pie Jesu del Requiem de Duruflé. Confieso que, escuchadas todas seguidas, estas religiosidades varias han llegado a estomagarme un poco. Pero no es culpa de la divina Baker.