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sábado, 24 de septiembre de 2016

Dos nuevos blu-rays protagonizados por Gergiev y Bychkov



 
Semyon Kotko: la quinta ópera de Prokofiev en repertorio

Las únicas óperas de Prokofiev -quien llegó a componer hasta trece, una incompleta y varias inéditas- que se han establecido, modestamente, fuera de Rusia en el repertorio son El jugador (estrenada en 1929), El amor de las tres naranjas (1921), El ángel de fuego (1955) y Guerra y paz (1959). Semyon Kotko (1940) parece estarse sumando últimamente a esa lista. Compuesta en Rusia, Prokofiev intentó complacer los triviales gustos artísticos del aparato soviético con su temperamento más libre y proclive a la modernidad, y logró equilibrar ambas tendencias antitéticas con profesionalidad y astucia. Pero sin el genio que desplegó en no pocas obras suyas de otros géneros. La ópera, con un también hábil libreto de Valentin Kataiev (quien hubo de lidiar con la cambiante coyuntura política del momento, que obligó a no pocos cambios) no pudo finalmente ser escenificada por el gran Vsévolod Meyerhold debido a la caída en desgracia de este ante las autoridades hasta llegar a su fusilamiento, cuatro meses antes del estreno. Para ser solo escuchada, Kotko es a los oídos occidentales una ópera francamente difícil. Sin duda verla escenificada ayuda mucho a su comprensión y disfrute -limitados, en todo caso-. Al parecer, solo Valery Gergiev ha grabado Semyon Kotko desde la inencontrable versión del estreno, en el Teatro Stanislavsky de Moscú, bajo la batuta de Mijail Zhukov. A la versión de Gergiev en audio (Philips 2000) se añade ahora esta en vídeo, tomada de nuevo en el Mariinsky, en mayo de 2014. Aparenta ser una versión con público, pero en muchos momentos está tomada sin duda en play back. La escena, responsabilidad de Yuri Alexandrov, es correcta -realista y tradicional- y cuenta con una realización más cinematográfica que teatral, con multitud de primeros planos tomados desde el escenario. Varios de los cantantes de 2000 (y de 2006 en el Teatro Real, estreno en España en versión de concierto) vuelven a aparecer en este blu-ray, que, por cierto, no siempre presenta una imagen de la debida nitidez, mientras que el sonido sí es muy satisfactorio. En este elenco de 25 cantantes suelen destacar las voces graves frente a las agudas, tanto entre los hombres (así el rol titular, a cargo del esforzado pero tosco tenor Viktor Lutsyuk) como en las mujeres. Sin otros puntos de referencia, la dirección parece un tanto rutinaria, tomando partido solo en los momentos en que la orquesta ha de tener mayor presencia. El libretillo, con textos en ruso, inglés, francés y alemán, no contiene un listado de tracks que ayude a saber quién canta en cada momento. Sin embargo, milagro, ¡ofrece subtítulos en español!


Schönbrunn 2016: Semyon Bychkov y las hermanas Labèque

Los vieneses y Sony parecen decididos a hacer del concierto veraniego de la suntuosa Filarmónica de Viena en los jardines del Palacio de Schönbrunn un segundo acontecimiento que se aproxime en divulgación al concierto de año nuevo. Cada vez le dan más importancia y mayor difusión. La discográfica Sony no solo lo publica en pocas semanas sino además en los tres principales soportes: CD, DVD y Blu-ray (y no sé si en LP...) El de 2016, celebrado con buen tiempo el 26 de mayo, fue un popular programa de música francesa cuya obra central es precisamente muy poco popular: el  original y precioso Concierto para dos pianos de Poulenc. Obra que contó con el dúo pianístico estable más prestigioso del mundo: las hermanas Katia y Marielle Labèque. Una interpretación rigurosamente ejemplar, vital y efervescente, seguida de una breve y jugosa propina tocada divinamente: el Final del Carnaval de los animales de Saint-Saëns. Antes se había escuchado una Farándula de La Arlesiana de Bizet rítmicamente un poco rígida y una espléndida Marcha húngara de La condenación de Fausto de Berlioz. La segunda parte constó de una correcta Segunda Suite de Dafnis y Cloe de Ravel (sin coro, por supuesto), quizá lo menos destacado de la velada. Lo cual puede sorprender dado que el Bolero del mismo autor que siguió estuvo realmente muy bien, con actuaciones sensacionales de casi todos los solistas de la orquesta: con tempo moderadamente lento, tal vez una suave pisada del acelerador a partir de un momento determinado no es realmente necesario. Es una lástima que la Obertura de Orfeo en los infiernos de Offenbach no se ofreciese completa, sino solo el tramo final, poco antes de la irrupción del descaradamente delicioso Can-can. Parece que, al igual que la Marcha Radetzky los días uno de enero, en Schönbrunn se está instalando como final obbligato el precioso vals de Johann Strauss hijo Sangre vienesa. Y parece que a Bychkov no se le da precisamente mal este mundo vienés tan especial: más que espontaneidad y naturalidad en el discurso, transmite en todo caso haber aprendido con gran aplicación el singular estilo. La realización visual, a cargo de Henning Kasten (que en el CD, claro, no aparece), es espectacular y apabullante. ¿El punto débil de estos conciertos? Algo no bien resuelto hasta ahora: el sonido de la carpa de metacrilato (o material similar) dista de ser el ideal, y la compresión dinámica está tristemente presente.

martes, 20 de septiembre de 2016

"El Arte de Midori", álbum Sony de 10 CDs



Una recopilación casi completa

La preciosa caja, a muy buen precio, contiene un libretillo con toda la información, pero sin comentarios, y diez sobres con las portadas originales de los discos sueltos. Después de comenzar a grabar para Philips en 1986, en 1989 pasó a Sony, sello para el que ha hecho la mayor parte de sus discos; la última toma data de 2005. Después ha visitado solo pocas veces los estudios de grabación, para los sellos menores Ondine y Onyx, y no sé si alguno más. Una lástima el casi silencio reciente de uno de los mayores violinistas de los últimos treinta años (estadounidense de origen japonés, nacida en Osaka en 1971): un talento formidable, una técnica de excepcional pulcritud y una sensibilidad absolutamente fuera de serie.

Estoy convencido de que el álbum merece mucho la pena; yo me lo he comprado pese a que tenía como la mitad de sus discos. Haré un rápido repaso por ellos: los 24 Caprichos de Paganini (1989) pocas veces se habrán tocado con tal perfección y extrayendo de ellos tanta música. Podría echarse en falta algo más de fantasía y de la locura -el virtuosismo desaforado, provocador, insultante- que uno asocia a Paganini, algo que quizá solo Alexander Markov ha conseguido en su alucinante vídeo para NVC Arts/Warner (filmados los 24 en un recital en público en Reggio Emilia por Bruno Monsaingeon el mismo año 1989), DVD muy difícil de encontrar hoy. Por cierto, un violinista que claramente ha venido a menos, si es que no ha desaparecido por completo de la escena...

El CD 2 es un programa Dvorák (1989) con su Concierto más la Romanza op.11 (que se completa con la Obertura Carnaval) en el que Midori despliega su intenso lirismo cargado de íntima pasión, pero en el que Zubin Mehta (con la Filarmónica de Nueva York) no está a su altura ni logra conectar del todo con ella. Perlman/Barenboim, Vengerov/Masur y Faust/Belohlávek me convencen aún más (así como Batiashvili este verano en la Waldbühne de Berlín con Nézet-Séguin: ojalá la publiquen en DVD/Blu-ray).

"Live at Carnegie Hall", programa que Sony publicó en su día en laser disc (¡pero nunca en DVD o Blu-ray: imperdonable!) contiene un recital ofrecido el 21 de octubre de 1990, en compañía de su habitual compañero, el estupendo pianista Robert McDonald. Una preciosa versión de la Octava Sonata (Op. 30/3) de Beethoven precede a la mejor que haya escuchado de la Sonata de Richard Strauss, toda una revelación. Tres piezas más (Chopin/Milstein, Ernst y Debussy/Heifetz) tienen más interés por cómo están hechas que por la propia música. El programa terminaba con una fabulosa recreación del Tzigane de Ravel. Pero los muy berzas han omitido la propina que sí venía en imágenes: la más jugosa e increíble versión jamás escuchada del Zapateado de Sarasate, me atrevo a decir que lo mejor de toda la velada (no cabía por duración, pero ¿por qué diantres no la han pasado a otro disco, por ejemplo al siguiente, titulado precisamente "Encore!"?)

Bueno, este recital está grabado en estudio, en 1992. Pero ¿qué más da?... Por cierto, no sé si exagero afirmando que las 28 piezas de que consta merecen todas un diez. Desfilan por este CD Kreisler, Sarasate (Habanera, op. 21/2, Introducción y tarantela), Paganini, Cui, Bacewicz, Elgar, Shostakovich (4 Preludios op. 34 arreglados por Dmitri Tsyganov), Dvorák, Prokofiev, Tchaikovsky, Gluck, Fauré, Scriabin, Ysaÿe y ¡ojo!, Bartók: unas maravillosas Danzas folklóricas rumanas. Excelente siempre McDonald.

En varias de sus grabaciones de Conciertos, Midori no ha contado con los directores más idóneos. Por ejemplo, en el Sibelius (Filarmónica de Israel, 1994) Mehta vuelve a no estar a su nivel ni entenderse a fondo con la solista. Aun así, la versión es tan bella e intensa en el violín que merecería como un 8,5 sobre 10. Un 9 le he puesto a la otra obra de este disco, la Fantasía Escocesa de Max Bruch, que creo que en nada envidia a las mejores que se hayan escuchado.

El 6º CD agrupa una toma en público, intensa, emotiva, vibrante, electrizante, del Concierto de Tchaikovsky (1995) soberbiamente dirigido por Abbado, casi tan formidablemente bien como en la grabación en estudio con Vengerov (Teldec del mismo año). El otro Concierto del disco, tomado en estudio, con mismo director y orquesta (Filarmónica de Berlín) es el Primero de Shostakovich, realizado a pedir de boca (lástima la tremenda vulgaridad de la música de la Burlesca final).

El siguiente CD agrupa una versión (2005) que no me termina de convencer de la Sonata No. 2 para violín solo de Bach; la razón, muy subjetiva, es que Midori imita en parte, no siempre, a los instrumentistas originales. Y me da la impresión de que no se lo cree y no se halla cómoda (me confirmo en mi opinión de que el movimiento historicista, al margen de hallazgos indudables, ha hecho y está haciendo bastante daño). Seis años antes fue registrada la otra obra del disco, una sensacional interpretación de la Primera Sonata para violín y piano de Bartók, con McDonald, que sitúo junto a Zukerman/Neikrug (Sony 1982) como mis favoritas.  

El octavo, registrado en 2000 con la Orquesta NDR de Hamburgo y Christoph Eschenbach contiene una modélica, muy clásica antes que dramática, Sinfonía concertante de Mozart junto a la más que notable viola de Nobuko Imai. La otra página es extraña: el Concierto en Re mayor para violín y piano K Anh. 56 (315f) , que es un arreglo a cargo de P. Wilby sobre temas de la Sonata para violín y piano K 306. Una rareza de interés menor en la que Eschenbach toca el piano.

Una completa joya es el penúltimo disco, con las Sonatas de Saint-Saëns (No.1), Debussy y Poulenc registradas en 2001 junto a un McDonald a la altura del violín. Las interpretaciones de las obras menos conocidas, la primera y la tercera, son realmente de ensueño, tal vez sin parangón. Apenas cede la de Debussy, cuya discografía es mucho más nutrida.

El último CD consta de dos conocidísimos Conciertos grabados en público el año 2003: el en Mi menor de Mendelssohn y el en Sol menor de Bruch. En ambos Midori conmueve por su lirismo y su extrema sensibilidad y en ambos la batuta de Mariss Jansons, al frente de la Filarmónica de Berlín, me resulta algo hinchada y grandilocuente.

Por cierto, los programadores de Sony han debido de olvidarse (¿?) de los dos Conciertos de Bartók que Midori grabó en 1990 con la Filarmónica de Berlín y Mehta, acertadísimo esta vez.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Andris Nelsons sigue grabando Shostakovich en Boston



De entrada, quiero decir que me parece una pena que un director tan extraordinariamente dotado como Andris Nelsons esté malgastando sus fuerzas en este proyecto de grabar para DG todo el ciclo sinfónico del ruso. Un compositor de moda ahora pero, para mi gusto, muy sobrevalorado. Ahora bien, las compañías discos quieren ante todo vender discos, y lo de moda es lo que más vende. Por ejemplo, de aquí y de allá ya le he escuchado a Nelsons las cuatro Sinfonías de Brahms: sensacionales las cuatro. Es imperdonable, para mi gusto, que DG no le haya hecho ya grabar este -este sí- importantísimo ciclo.

Registradas en público en el Symphony Hall de Boston con una especial transparencia -si bien la percusión grave, sobre todo el bombo, me parece que suena un tanto artificial- tras la Décima completada por la Passacaglia de Lady Macbeth, sale ahora un doble (en caja estrechita) con las Sinfonías Quinta, Octava y Novena, más una selección de siete piezas de la suite Hamlet, op. 32a, obra que me ha gustado especialmente poco. No soy ni mucho menos un experto ni un gran conocedor de Shostakovich por razones obvias (anteayer, por cierto, escuché en Radio Clásica una obra atrozmente aparatosa, grandilocuente y vacía que ha resultado ser la cantata El sol resplandece sobre nuestra amada patria, dirigida por Paavo Järvi, y ayer mismo sufrí en Ibermúsica una brutal, veloz e hiperdecibélica Quinta a Noseda con la London Symphony), pero conozco bastante bien estas tres Sinfonías (otras, mucho menos), cuya discografía me acabo de repasar.

Y lamento constatar que las de Nelsons no son las que más me gustan. El joven director letón ha dicho que de Shostakovich le interesan, más que su relación con la política de su país, sus valores estrictamente musicales. Pero a mí me parece que estos no suelen ser gran cosa; admito que es un muy hábil orquestador, pero la mayoría de sus desarrollos temáticos me resultan hinchados y altamente tediosos, y que la supuesta sinceridad de su música es más que dudosa. Entonces, cuando, como hace Nelsons, resta algo de tremendismo a las obras del autor de Lady Macbeth en Mtsensk, creo que pierde algo de su atractivo. Resumiendo, creo que las interpretaciones de estas tres Sinfonías, maravillosamente bien examinadas y realizadas por Nelsons con una sensacional Sinfónica de Boston, no son mis favoritas. De las versiones que tengo en mi discoteca de la Quinta, me quedo con Previn/Chicago (EMI 1978), sobre todo para el primer movimiento, y Haitink/Concertgebouw (Decca 1982), en especial para el cuarto. Precisamente en el finale de esta, parece que Nelsons, con una visión un tanto neutral, no se decanta ni por el triunfalismo de un Mravinsky -equivocado, al parecer- ni por una burla del mismo, como hace claramente Haitink. Toda la versión del casi desconocido Yutaka Sado con la Filarmónica de Berlín (Blu-ray EuroArts) también me gusta más. Y, curiosamente, el habitualmente enorme Bernstein no me convence gran cosa en este finale, en ninguna de las tres grabaciones que le conozco, una de ellas en DVD.

En el caso de la Octava, Nelsons repite tras su filmación con la Concertgebouw (Blu-ray C Major 2012), en ambos casos con sobresaliente alto. Pero me resultan aún más acertados Solti/Chicago (Decca 89) y Previn/London Symphony (DG 94). Tal vez la que más me ha gustado de las tres Sinfonías de esta caja es la versión de la Novena, una obra que me agrada bastante; en parte a causa de su concisión, virtud rara en Shostakovich. Aun así, creo que no le llega, por poco, a la formidable interpretación de Bernstein/Filarmónica de Viena (CD y DVD de DG, 1987), y tal vez tampoco a la de Solti/Radio Bávara (DVD Arthaus 1990).

viernes, 9 de septiembre de 2016

Mis versiones favoritas de las principales óperas de Puccini



Siempre que es posible o creo que merece la pena, añado a la versión en audio otra en imágenes.

Música orquestal - Orquesta Sinfónica de Radio Berlín. Chailly (Decca)

Misa de Gloria - Alagna, Hampson. Coro y Orquesta Sinfónica de Londres. Pappano (EMI)

La Bohème - Caballé, Domingo, Milnes, Blegen, Raimondi. Coro John Alldis. Orquesta Filarmónica de Londres. Solti (RCA); Netrebko, Villazón, B. Daniel, Cabell, Kowaljow. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. De Billy (DVD y Blu-ray Warner)

Edgar - Domingo, Damato, Cornetti, Pons. Coro y Orquesta de la Academia Santa Cecilia, Roma. Veronesi (DG)

La Fanciulla del West - Neblett, Domingo, Milnes. Coro y Orquesta del Covent Garden, Londres. Mehta (DG); Daniels, Domingo, Milnes. Coro y Orquesta del Metropolitan, Nueva York. Slatkin. G. C. del Monaco (DVD DG)

Gianni Schicchi - Gobbi, V. de los Ángeles, C. del Monte, Canali, Montarsolo. Orquesta de la Ópera de Roma. Santini (EMI); Corbelli, McLaughlin, Giordano, Palmer. Orquesta Filarmónica de Londres. Jurowski. Arden (DVD y Blu-ray Opus Arte)

Madama Butterfly - Scotto, Bergonzi, Panerai, Di Stasio. Coro y Orquesta de la Ópera de Roma. Barbirolli (EMI); Freni, Domingo, Kerns, Ludwig. Coro de la Ópera Estatal y Orquesta Filarmónica de Viena. Karajan. Ponnelle (DVD y Blu-ray DG)

Manon Lescaut - Caballé, Domingo, Sardinero. Coro Ambrosian Opera. Orquesta New Philharmonia. Bartoletti (EMI); Te Kanawa, Domingo, Allen. Coro y Orqueta del Covent Garden, Londres. Sinopoli. Friedrich (DVD Warner)

La Rondine - Te Kanawa, Domingo, Nicolesco, Nucci. Coro Ambrosian Opera. Orquesta Sinfónica de Londres. Maazel (Sony)

Suor Angelica - Ricciarelli, Cossotto. Coro Polifónico de Roma. Orquesta de la Academia Santa Cecilia, Roma. Bartoletti (RCA)

Il Tabarro - L. Price, Domingo, Milnes. Coro John Alldis. Orquesta New Philharmonia. Leinsdorf (RCA)


Tosca - Caballé, Carreras, Wixell. Coro y Orquesta del Covent Garden. C. Davis (Philips); Malfitano, Domingo, Raimondi. Coro y Orquesta de la RAI, Roma. Mehta. Storaro (DVD/Blu-ray Warner)

Il Trittico (Il Tabarro, Suor Angelica, Gianni Schicchi) - Guleghina, Shicoff, C. Guelfi, Gallardo-Domâs, Manca di Nissa, Van Dam, Gheorghiu, Alagna. London Voices. Orquestas Sinfónica de Londres y Philharmonia. Pappano (EMI); Westbroek, Antonenko, Gallo, Jaho, Larsson, Siurina, Demuro. Coro y Orquesta del Covent Garden. Pappano. R. Jones (DVD y Blu-ray Opus Arte)

Turandot - Sutherland, Pavarotti, Caballé, Ghiaurov. Coro John Alldis. Orquesta Filarmónica de Londres. Mehta (Decca); Marton, Domingo, Mitchell, Plishka. Coro y Orquesta del Metropolitan, Nueva York. Levine. Zeffirelli (DVD DG)

Le Villi - Scotto, Domingo, Nucci, Gobbi. Coro Ambrosian Opera. Orquesta National Philharmonic. Maazel (Sony)

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Dos óperas de Rossini en blu-ray




Ambas salieron publicadas por Decca en DVD hace dos y tres años, pero solo hace poco han visto la luz en blu-ray, con la correspondiente (ocurre en la inmensa mayoría de los casos) mejora en imagen ¡y en sonido! Se trata de Otello y de Matilde di Shabran, décimonovena (1816) y trigésimosegunda (1821) óperas de la larga serie rossiniana.

Otello
Comprensiblemente eclipsada por el genial título de Verdi, la verdad es que es mejor no compararlas. Solo con la mente en blanco, sin acordarnos a cada momento de cómo Verdi resolvió esta o aquella escena, podemos saborear el tratamiento, sin duda mucho más convencional, de Rossini. Aun así, es una obra más que disfrutable de un compositor que se resistió a impregnarse del romanticismo que invadía su tiempo; lo cual podría considerarse continuista con el siglo XVIII, con Mozart, Paisiello o Cimarosa, pero también -más bien- como una afirmación de personalidad y originalidad, objetivista, deliberamente distanciada y hasta de algún modo moderna por su antisentimentalismo. Los dos primeros actos no carecen de aciertos y bellezas, pero es el tercer y último acto el que atesora los más destacados, hasta el punto de constituir un completo acierto, de principio a fin. 

La Ópera de Zúrich reunió un elenco sin fisuras, en el que para mi gusto sobran los instrumentos originales de la Orquesta La Scintilla, pero admito que no suena nada mal y que la batuta de Muhai Tang es muy estimulante y no exagera buscando sonidos feístas. Lástima, únicamente, el bronco y torpe solo de trompa del No. 4. También la escena, a cargo de Moshe Leiser y Patrice Caurier me parece sensata, presentando como causa del odio a Otello el racismo de los venecianos. 

Después de tantos dislates, encabezados por su grabación del papel de Norma, Cecilia Bartoli se ciñe al fin a un papel adecuado a su voz de mezzosoprano lírica, y en él convence por su musicalidad y su expresividad, muy en estilo, pese a que ha perdido algo de seguridad y limpieza en la coloratura. El intérprete del rol titular, John Osborn, es un muy buen tenor lírico de voz ligeramente oscura y no muy atractiva; aun así, "me pregunto (escribía yo en "Ritmo" en mayo de 2014) si Javier Camarena, que encarna a Rodrigo, no lo habría hecho aún mejor". Me reafirmo en el sí: hoy sería fácil confimar que, en efecto, lo podría hacer aún mejor. Porque como Rodrigo, Camarena, de timbre mucho más bello, línea de canto impoluta, con agudos fáciles y timbradísimos y muy comunicativo, hoy es ya una figura de indiscutible primera, primerísima línea. Por suerte, este papel de Rodrigo tiene una amplia y comprometida intervención (sin embargo, miopemente, no han puesto su nombre en la portada). También está francamente bien como Jago otro tenor de parecidas características, el uruguayo Edgardo Rocha. Más que impecable, todo un lujo la Emilia de Liliana Nikiteanu, y notable alto para el bajo Peter Kálmán como Elmiro, el padre de Desdemona. El blu-ray, de muy alta calidad técnica, contiene subtítulos en castellano.

Matilde di Shabran
En cuanto a la semiseria Matilde, es tal vez musicalmente más desigual, pues Rossini se vio sometido a una increíble presión para entregar la partitura en poquísimo tiempo, por lo que hubo de recurrir a números de otras óperas suyas (ya se sabe, en la época en la que no había grabaciones esto no era tan infrecuente...). Cuando ya habían comenzado los ensayos, el libreto (de Jacopo Ferreti) ¡aún no había sido terminado! Para colmo, el día del estreno enfermaron el violinista-director y el solista de trompa; este último fue sustituido por, pásmense, ¡¡Nicolò Paganini tocando la viola!! Retocada tras el estreno en el Teatro Apolo de Roma, aquí la vemos y escuchamos en la versión de Nápoles, realizada el mismo año 1821. 

Rescatada por el Festival de Pésaro en 2012, la representación tuvo igualmente un nivel artístico muy elevado, pues contó con la brillante y entregada batuta del joven Michele Mariotti al frente de un Coro y una Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia en buena forma, y con una sobria y eficaz escena de Mario Martone. El elenco vocal no es quizá tan sostenidamente bueno como en Otello, pero en él brillan al menos tres cantantes extraordinarios: Juan Diego Flórez (Corradino) con la voz un poco más llena que años antes y con sus bien conocidas cualidades, "una de todo punto admirable Olga Peretyatko (Matilde), soprano lírica de altos vuelos" (escribía yo ya para "Ritmo" en diciembre de 2013, cuando apenas la conocía: hoy es toda una estrella), en posesión de un timbre hermosísimo, muy raro en voces de esa tipología. Y con la estupenda mezzo lírica Anna Goryachova (Edoardo). Muy bien el bajo Nicola Alaimo (Aliprando), muy gracioso el buffo Paolo Bordogna y, sin embargo, algo temblón e inseguro el tantas veces espléndido bajo Simón Orfila en el breve y muy difícil papel de Ginardo. La calidad técnica -imagen y sonido- es también estupenda, pero esta vez no contamos con susbtítulos en castellano.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Descargas de grabaciones en alta resolución




Últimamente, cada vez con más frecuencia, es posible conseguir bajándoselas de internet -mediante pago, generalmente no barato, o bien pirateándolas- grabaciones, recién publicadas o, más abundantes aún, de hace años, en alta resolución. Tanto las compañías editoras de discos como empresas distribuidoras de la red ofrecen la posibilidad de esas descargas. Un usuario puede incorporarlas a su disco duro o fabricarse un disco sobre un dvd o un blu-ray virgen (en un CD no cabría tanta información). 

Ahora bien, no es oro todo lo que reluce. Como pasaba y pasa con los numerosísimos reprocesados comercializados en CD, generalmente las grabaciones mejoran, ¡pero no siempre!, y desde luego según las opiniones: hay reprocesados -la mayoría- que gustan a casi todos más que las ediciones anteriores, pero hay otros que dividen a los audiófilos, e incluso no faltan los que suscitan unanimidad (o casi) en contra. 

Un par de amigos me están pasando muchas de estas descargas en alta resolución y, como digo, encuentro en ellas todo tipo de casos; por fortuna, sobreabundan las grabaciones que han mejorado. Algunas, incluso espectacularmente. Un ejemplo de estas últimas: la Cuarta Sinfonía de Mahler por Klemperer, toma realizada en Londres en abril de 1961 y que, creedme, podría pasar por una estupenda grabación de ahora mismo. Pero hay casos opuestos: sin salir de EMI, El sombrero de tres picos por Frühbeck y la Philharmonia (XII-1963 y IV-1964) ha empeorado a ojos vista: dudo que haya alguien que piense lo contrario. Así que: ¡ojo! (Por cierto ¿qué diantres habrán hecho para estropear lo que ya conocíamos?)

Voy a comentar brevemente algunas de estas transferencias a alta resolución que han llegado últimamente a mis manos. No sin antes dejar constancia de que la selección de grabaciones que están siendo objeto de estos procesos de limpieza me parece demencial. Porque están arreglando interpretaciones buenas y excelentes, pero también medianas y hasta malas; estas últimas suelen ser esos discos que en su día fueron importantes y que han dejado de serlo, e incluso que nunca valieron un pimiento pero que alguien influyente puso por las nubes, y muchos se lo creyeron. Hoy por hoy siguen sin acordarse de multitud de interpretaciones memorables; esperemos que vayan recordándolas, aunque sea poco a poco.

Bach por Karl Richter
Bueno, dos palabras sobre varios de los últimos discos (casi todos en soporte dvd, pero solo de audio, claro) que he reescuchado: los 6 Conciertos de Brandemburgo y las 4 Suites orquestales de Bach por Karl Richter (cada una de las colecciones cabe en un disco, la última con el añadido del Concierto triple, BWV 1044). El durante tanto tiempo denostado (por los historicistas, los de los únicos instrumentos e interpretaciones que consideran auténticos) Karl Richter (1926-1981) parece que vuelve a resurgir con fuerza: por más que les pese a esos, fue un pionero en la renovación interpretativa de Bach en los años 60 y 70, despojando al compositor de gangas romanticoides. Él y Raymond Leppard, sobre todo, fueron artífices de esa tan fructífera primera reforma interpretativa del barroco (la segunda, la de los historicistas que miran casi solo la letra, y poco o nada el contenido, ha sido apenas beneficiosa, y sí bastante maligna: es mi opinión). Para comprobar la vigencia de Richter o de Leppard no hay más que compararlos a un contemporáneo de ellos, Karl Münchinger, tanto o más apreciado entonces y que se ha quedado francamente anticuado. Bien: los Brandemburgo (gr. 1967) me han vuelto a gustar muchísimo, con ese rigor y esa sobriedad, y a la vez -cuadratura del círculo- ese entusiasmo y esa energía contagiosa que transmiten. Algo menos las Suites (siete años anteriores), sobre todo la Primera, algo pesadota, y con una orquesta algo excesivamente nutrida. El sonido de los Conciertos ha mejorado mucho, y creo que algo menos el de las Suites.  

Pero lo que me sigue pareciendo la bomba es el Oratorio de Navidad de Bach por este director (que fue publicado en 3 CDs aunque habría cabido en 2, y que ahora ocupa 2 DVDs). Grabado en la Sala Hércules de Múnich en 1965, siempre sonó muy bien, pero ahora es impresionante. La labor del director, organista y clavecinista alemán me parece sensacional; solo la batuta de Peter Schreier, más efervescente (Philips 1987), me convence hasta tal punto. Pero es que Richter contó además con un cuarteto vocal de ensueño: espléndida Janowitz, maravillosa Ludwig, increíbles, incomparables Wunderlich y Franz Crass. (Aprovecho para reiterar que la voz de tenor lírico más bella que recuerdo es justamente la de Fritz Wunderlich, muerto al año siguiente. Y aquí no es ese su único, ni su mayor, mérito). Es cierto que el Coro Bach de Múnich es un poco grande y no tan flexible y maleable como los mejores coros actuales, pero este inconveniente no llega a ser grave; la Orquesta sí está espléndida, con un invitado estratosférico: el trompetista Maurice André.

Liszt por Berman y por Bernstein
De los Años de peregrinación no abundan las grabaciones completas; la de Lazar Berman (DG 1977) tiene fama de ser la mejor. Y puede que lo sea, pero le ocurre lo que a otras notables integrales (Howard, Lortie, Chamayou): que tiene considerables altibajos. En el Primer Año, Suiza, comienza con una solo notable Capilla de Guillermo Tell, para caer muy bajo en Pastoral y Al borde una fuente y remontar ostensiblemente en Tempestad y volver a la corrección sin más en el genial Valle de Obermann. En Suiza, Barenboim (DG 1980 y DVD EuroArts 1985) le da sopas con honda. Lástima que ni él ni Arrau grabasen el ciclo completo. En el Segundo Año, Italia, el hercúleo pianista de Leningrado (1930-2005) alcanza momentos de gran inspiración y elocuencia en el Soneto 104 de Petrarca y en la Sonata Dante y un tremendo despliegue virtuosístico en Tarantella). Pero lo más logrado es para mí el Tercer Año, en el que mira abiertamente -como es lógico- hacia el Impresionismo (sobre todo en los dos Cipreses y en Juegos de agua) y hacia el esencialista Liszt de última época en las piezas finales. El sonido, antes más que bueno, es ahora aún apreciablemente mejor.  

Desde 1977, en que DG publicó la Sinfonía Fausto de Liszt dirigida por Bernstein (con la absolutamente inhabitual para él Sinfónica de Boston), creo que, en conjunto, no se ha vuelto a llevar al disco una interpretación globalmente tan redonda, y eso que quizá prefiera el episodio inicial, Fausto, por Barenboim (Filarmónica de Berlín, Teldec1998) y el segundo, Margarita, por Solti (Chicago, Decca 1986). Es una interpretación arrebatadora de esta fascinante obra, con una discografía privilegiada, pues a las versiones citadas hay que sumar las de Muti (Filadelfia, EMI 1983), la de Rattle (Berlín, EMI 1994) y la de Sinopoli (Dresde, DG 1996). El sonido, del que fue responsable el conocido ingeniero Günter Hermanns, es muy equilibrado, pero aun así y pese a la restauración, no es tan brillante como el de cualquiera de las otras versiones citadas.

Prokofiev y Ravel por Gavrilov y Rattle
Allá por 1977, un joven Andrei Gavrilov era arropado por otro joven, Simon Rattle (ambos nacieron en 1955), en  imponentes interpretaciones del Primer Concierto de Prokofiev y el Concierto para la mano izquierda de Ravel, con la Sinfónica de Londres (EMI). Versiones que, pese a todo lo que ha habido desde entonces, continúan en primerísimo plano. El breve disco lo completaban dos piezas para piano de Romeo y Julieta del primero y la Pavana para una infanta difunta del segundo: estupendas versiones, muy personal la segunda -nada complaciente, sino francamente rebelde-. Las grabaciones fueron excelentes ya en su día, pero ahora han mejorado ostensiblemente.

... y no tan joyas
De 2014 es el disco de DG con un curioso e interesante programa: el Concierto "Emperador" de Beethoven y la Fantasía en Do mayor, op. 17 de Schumann, con Yundi Li, la Filarmónica de Berlín y Daniel Harding. Al perder el sello amarillo en favor de Sony al fenómeno Lang Lang, uno de los músicos más vendedores de discos del mundo, la discográfica alemana parece haber querido tapar ese hueco, sobre todo de cara al mercado chino, con Yundi Li. Pero la verdad es que este pianista, de mecanismo seguro, impoluto y hasta muy brillante, carece por completo del enorme talento y la personalidad de Lang (que, sí, ya lo sé, no siempre brillan por igual). Li (n. 1982) es simple y llanamente un virtuoso, pero con no mucha cabeza y un corazón más bien pequeño (perdón por los tópicos). En este "Emperador", Li se muestra muy poco beethoveniano en el sonido, algo apresurado, sin entender las transiciones y frío, bastante incapaz de ver más allá de las notas. Harding, que tanto ha mejorado en los últimos años, convence más que el solista, aunque tampoco llegue a entusiasmar ni a sonar a genuino Beethoven. La genial Fantasía de Schumann, de nuevo apresurada (se la merienda en menos de 26'; rara vez baja de 30'), carece tanto de fuego (Florestan) como de poesía o ensoñación (Eusebius). Un disco fallido, que, eso sí, suena maravillosamente (no he escuchado el CD -ni pienso-, así que no puedo comparar).  

Los dos Conciertos de Ravel por Samson François y André Cluytens con la Orquesta del Conservatorio de París (EMI 1959) creo que ni siquiera en su momento fueron destacados, pero alguien los encumbró a lo más alto y el disco, mal grabado, se convirtió para muchos en un objeto de culto. Pero hoy ya no hay por dónde cogerlo. Ni siquiera está impecablemente tocado, pero esto es lo de menos; las interpretaciones del pianista francés tienen poquísimo interés, y el gran director belga -en concreto en Ravel- estuvo muy por debajo de su nivel habitual. Tampoco la orquesta, que suena en segundo plano, da la talla, ni mucho menos. El reprocesado apenas arregla el sonido. 38 minutos de música "perfectamente prescindibles", como diría Pedro Sánchez. 

Ahora bien, si este disco me ha dejado perplejo y hasta indignado, más aún lo ha hecho el que agrupa las Sinfonías Cuarta (1968) y Quinta (1971) de Mahler por Rafael Kubelik y la Sinfónica de la Radio Bávara (DG). El ciclo pudo tener cierto interés en su época, cuando solo existía el antiguo de Bernstein para la entonces CBS. No así las versiones aisladas, pues anteriores son dos de las más grandes interpretaciones de todos los tiempos: la Cuarta de Klemperer y la Quinta de Barbirolli. Pero es que, además, desde entonces han salido a la palestra no menos de una veintena de versiones de cada una muy preferibles. No es que la dirección del otras veces admirable Kubelik sea especialmente mala (lo es en el primer movimiento de la Cuarta, sin paliativos); es más bien insípida. Pero la Orquesta me ha dejado de piedra: hoy no pasaría la ITV; la cuerda es buena, pero el viento es flojísimo. Hoy, sin embargo, este conjunto ha llegado a ser uno de los cuatro mejores de Alemania, es decir que ahora pertenece a la élite europea y mundial. Las tomas de sonido tampoco pasan la ITV; no recuerdo los LPs (en CD no he llegado a escucharlas), pero dudo que sonasen peor que ahora. Pasar estas versiones a alta resolución es una pérdida de tiempo y un completo dislate. (¡Y mientras tanto, la Quinta, la Sexta y la Novena de Mahler por Barbirolli siguen sin haber sido pasadas a alta resolución! Entre tantas otras maravillas que siguen esperando).

sábado, 27 de agosto de 2016

Barenboim con la Orquesta del Diván en Londres y Sevilla



Londres...

La Radio BBC ha transmitido (parece que esta vez solo en audio; a ver si se pueden conseguir imágenes) el concierto que tuvo lugar en los Proms londinenses del Royal Albert Hall el 17 de agosto. Comenzó el programa con la interesante, original y brillante pieza Con brio (2012), de Jörg Widmann, interpretada con evidente entrega, fuerza expresiva y solvencia por la Orquesta del West-Eastern Divan y su director-fundador, el inefable Daniel Barenboim.

Siguió el Primer Concierto de Liszt con la fascinante Martha Argerich, que celebraba su 75º cumpleaños. Pese a la grave enfermedad que padeció hace unos años, la pianista bonaerense se halla en estupenda forma, conserva intactas las cualidades que la han hecho famosa -espontaneidad, frescura, brillo, carácter felino- y añade otras no tan habituales años atrás, por ejemplo un lirismo y una cantabilidad realmente entrañables. Aun así, su Liszt no me entusiasmó todo el tiempo, pues mientras paladeó divinamente algunas secciones, se entregó en otras con excesivo celo al virtuosismo exhibicionista, sobre todo en el Allegro maestoso inicial. Muchos siguen pensando que esta última cualidad es consustancial a Liszt, y es posible, pero para mí no es la mejor solución cuando ese frenesí oculta las grandes cualidades musicales que encierra y descubre si se le aborda con mayor poso. Para que quede claro, basta escuchar lo que Claudio Arrau extrae de esta obra en su grabación con Colin Davis (Philips 1981) frente a las versiones mayormente virtuosistas que le precedieron (y que aún continúan en manos de algunos pianistas, claro). En la grabación en público (DG), también filmada (Accentus), de Barenboim con Pierre Boulez en 2011, pese a ciertas limitaciones mecánicas, vuelve a incidirse en la hondura de la partitura, si bien no se alcanza la clarividencia de Arrau. 

O sea, que el de Buenos Aires se encontró con una pianista que desarrolló su parte de modo muy diferente a como él lo había hecho, y se amoldó perfectamente a ella. Porque su dirección ha sido de veras eminente, destacando el dramatismo y el sentido épico, y llamando la atención la extraordinaria transparencia orquestal conseguida. Como propina, Argerich y Barenboim unieron sus fuerzas en el Rondó en La mayor, D 951 de Schubert, última pieza del compositor para piano a cuatro manos, en el que, sin duda, prevaleció el criterio de él. Criterio al que ella se plegó sin el menor esfuerzo, obteniendo ambos, en perfecto entendimiento, una versión bellísima de esta excelsa página de casi doce minutos.

La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a Wagner. Todas y cada una de las cinco piezas interpretadas (propina incluida) tuvieron el sello inconfundible del mayor intérprete wagneriano de nuestro tiempo, abiertamente por encima de cualquier otro. La Obertura de Tannhäuser, con introducción muy lenta y llena de significado, dio paso a un primer momento de plenitud en el que quedaba claro que no se perseguía la grandilocuencia. Luego hicieron su aparición la belleza melódica cargada de envolvente sensualidad, la pasión ardiente pero controlada, hasta llegar a una coda amplia, robusta, intensísima, nada pomposa. Una claridad absolutamente pasmosa (pese a tratarse de una grabación no comparable a los discos actuales, en una sala de conciertos además enorme) llama poderosamente la atención. Por no hablar de la memorable ejecución, realmente impresionante. Los músicos del Diván, entre los cuales hay por cierto muchas caras nuevas (y un nuevo concertino, el sensacional Guy Braunstein, antes primer violín de la Filarmónica de Berlín) dejan bien clara su capacidad y, más aún, su entrega incondicional a la batuta, que parece seducirlos, convencerlos y moldearlos a su antojo sin límites. Con todo, lo mejor de la velada fue en mi opinión el Amanecer y viaje de Sigfrido por el Rin, como jamás haya escuchado expuesto de forma tan arrebatadoramente bella, apasionada y emocionante. Una espléndida Marcha fúnebre, también de El ocaso de los dioses, más sentida e interiorizada que exterior, precedió a un magnífico Preludio I (u Obertura) de Los maestros cantores, de algún modo síntesis de las diferentes formas de verlo con que nos ha ido obsequiando Barenboim a lo largo de al menos 35 años, pues en él se han aunado ahora la solemnidad con el humor, una cálida cantabilidad y una grandeza de nuevo nada grandilocuente... Como propina, ¡qué valor!, se ofreció una pieza hermosísima e introspectiva, que termina en pianísimo y que transmitió una inmensa ternura y melancolía: el Preludio III de la misma ópera. Éxito inenarrable de cada una de las piezas.

... y Sevilla
Sobre el concierto en el Teatro Maestranza de Sevilla, en el que hicieron las tres últimas Sinfonías de Mozart y que tuvo lugar al día siguiente del de Londres, pensaba escribir mis impresiones. Pero después de leer lo escrito en su blog ("Ya nos queda un día menos") por Fernando López Vargas Machuca los días 20 y 25 de agosto, tengo poco que añadir, pues coincido con él al 99% en lo que escribe. Digo poco, pero sí quiero decir al menos que uno de los lúcidos críticos sevillanos escribía en su periódico que en el primer movimiento de la Sinfonía 39 Barenboim "rehuyó el dramatismo expresivo de los pasajes centrales y se recreó en un fraseo amanerado, demasiado retórico y claramente vacío". ¡Me gustaría saber en qué concierto se coló por error, porque desde luego que NO en el de la Maestranza sevillana del 18 de agosto de 2016! 

Otro crítico afirmaba por escrito dos cosas que quisiera también señalar: que Barenboim reserva siempre para Sevilla los programas musicales más "convencionales". Bien, Fidelio, Parsifal, Tristán e Isolda, Sinfonías de Beethoven o las tres últimas de Mozart ¿son obras convencionales? ¿No serán más bien inmortales e intemporales? También afirmaba que Barenboim es seguramente "el director más sobrevalorado de la historia". Yo voto por nombrar a ese señor, aunque solo sea por esa afirmación, el crítico musical más infravalorado del mundo: ¡¡qué clarividencia, dios santo!! ¡Ha hecho un descubrimiento trascendental, una enorme aportación a la historia de la crítica discográfica, toda una revelación que ha abierto los ojos a todos los que creíamos que Barenboim director era alguien! Gran éxito de público también en Sevilla; ¡claro, los asistentes no conocían aún las tremendas pegas que iban a poner los críticos de su ciudad!

Para terminar quiero dejar expresa constancia de que este concierto del 18 de agosto de 2016 en Sevilla ha sido uno de los mejores y de recuerdo más imborrable de cuantos he presenciado en mi vida. Y he escuchado en directo a Karajan, a Böhm, a Celibidache, a Markevitch, Mravinsky, a Giulini, a Solti, a Bernstein, a Sanderling, a Jochum, Sawallisch, Kubelik, Boulez, Carlos Kleiber, Colin Davis, Abbado, Maazel, Haitink, Previn, Muti... a Barenboim y a muchísimos otros.