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viernes, 21 de julio de 2017

Barbirolli, Boult, Britten y Barenboim dirigen "El sueño de Gerontius" de Elgar



Hace tiempo me costaba comprender el mayor oratorio de Elgar, The Dream of Gerontius, pero más recientemente me ha empezado a interesar vivamente; tal vez no es una música fácil la suya, lo cierto es que pasé de no conectar a hacerlo con intensidad. Hoy es una obra que me fascina, si bien admito que no todo el tiempo mantiene el mismo nivel de lo que podríamos llamar inspiración. Ahora, con la aparición en el álbum Decca por Barenboim (quien lo había dirigido en 2012 en Berlín con la Filarmónica), me he vuelto a repasar las grabaciones de que dispongo, que son cuatro. No conozco algunas que probablemente son importantes: Sargent (1946), Rattle (1987) o Andrew Davis (1999 en vídeo, 2014 en audio). Tras hacerlo en público, Barenboim lo ha grabado en la Philharmonie berlinesa los días 16, 17, 19 y 20 de septiembre de 2016. Continúa, pues, con su  nuevo "proyecto Elgar", compositor al que en los años 70 dedicó numerosas grabaciones para CBS (hoy Sony) con la London Philharmonic y la English Chamber Orchestra. Ahora es con la Staatskapelle Berlin y para Decca: las 2 Sinfonías y el Concierto para cello con Alisa Weilerstein, además de sus recientes filmaciones de este último y del gran poema sinfónico Falstaff, obras ambas con la Filarmónica de Berlín. No sabemos si este segundo impulso Elgar tendrá continuidad (no estaría mal que volviese al menos a las Variaciones Enigma, de las que con frecuencia ofrece en concierto como propina la famosa variación Nimrod).

Barbirolli
La portentosa clarividencia y el profundo entendimiento de Elgar desbordan la grabación de Sir John Barbirolli (EMI 1965), de conmovedora espiritualidad, con los Coros Hallé, Filarmónico de Sheffield y Ambrosian, la Orquesta Hallé de Manchester y un importante trío solista en el que, junto al espléndido tenor Richard Lewis (Gerontius) y al correcto bajo-barítono Kim Borg (Sacerdote; el Ángel de la Agonía), destaca la mezzo Janet Baker (el Ángel), de todo punto incomparable. Lástima que la grabación no responda a los graves retos que exige esta partitura para -además del trío solista- gran coro, nutrida orquesta y órgano, y que en contados momentos alcanza unos tremendos picos dinámicos.

Boult
Hace poco comenté para "Ritmo", muy elogiosamente, el vídeo que ICA acababa de publicar con una versión filmada en la Catedral de Canterbury en 1968, con buena imagen y precario sonido monoaural. A un admirable Peter Pears y una sublime Baker se sumaba un notable John Shirley-Quirk, apoyados en unos espléndidos Coro y Orquesta Filarmónica de Londres. La batuta de Sir Adrian Boult, reconocidísimo elgariano, es -tanto aquí como en su registro para EMI ocho años posterior- tal vez la más pura, contemplativa y confiadamente religiosa que conozco. El CD de EMI suma al Coro Filarmónico el extraordinario John Alldis y la formidable Orquesta New Philharmonia (¿por qué no contarían, por cierto, con el glorioso Coro correspondiente?). En el trío solista sobresale un formidable Nicolai Gedda, cumple con creces Helen Watts y decepciona claramente Robert Lloyd, de engolada emisión. El sonido es muy bueno para 1976.

Britten
No menos bien grabada que esta última está la versión para Decca (1971) de Benjamin Britten, quien al parecer pretende poner de manifiesto los aspectos más modernos o avanzados de esta partitura de 1900 (Elgar tenía 43 años cuando la completó), así como su brillantez, e interesándose quizá menos por el misticismo de la obra. Si bien el Coro y la Orquesta Sinfónica de Londres responden a pedir de boca, el trío no alcanza al de las versiones más punteras: Yvonne Minton, de bellísima voz, convence plenamente, pero Peter Pears -de timbre, ya se sabe, poco grato- había perdido mucho desde solo tres años antes con Boult y suena un poco estentóreo y forzado en la primera parte, mejorando mucho por lo general en la segunda, en la que suele desenvolverse a media voz -técnica que dominaba a la perfección-. En cuanto a Shirley-Quirk, para mí no supera la corrección. No he logrado aún acceder a la versión de vídeo -filmada en la Catedral de San Pablo londinense- de Andrew Davis (más que buen elgariano, cuya grabación para Sony de las Variaciones Enigma es un portento), sobre la que tengo referencias positivas muy fiables (Miguel Ángel de las Heras) y que cuenta con los conjuntos de la BBC y un trío muy equilibrado: Catherine Wyn-Rogers, Philip Langridge y Alastair Miles.

Barenboim
He leído en varias ocasiones sobre la evidente deuda que Gerontius tiene contraída con la última ópera de Wagner, hasta el punto de que al oratorio se le ha llamado en ocasiones "el Parsifal británico". Aunque esto es una exageración, no cabe duda de que algo o bastante hay de parentesco. Pero nunca había tenido una impresión tan nítida y recurrente de estos lazos como escuchando la interpretación de Barenboim. Lo cual no tiene nada de extraño, por la afinidad y familiaridad del bonaerense con la música de Wagner y en concreto con su tardío "festival escénico sacro". La fuerza dramática, la musicalidad y las bellezas que Barenboim extrae del oratorio realmente atrapan al oyente: creo que ninguno de sus predecesores (los que yo he escuchado, al menos) ha llegado tan hondo y tan lejos. La toma de sonido -sensacional: Estudio Teldex de Berlín- también ayuda escuchar más cosas en la orquesta y al certero empaste de esta con el órgano. Del reparto originalmente previsto se cayó Jonas Kaufmann (fue el período en que estuvo retirado por motivos de salud) en el rol titular; le sustituyó un tenor demasiado lírico, de escuela muy británica, que canta francamente bien pese a poseer un timbre que no encandila: Robin Staples. Me recuerda a Ryland Davies y a John Aler. La mezzo sí es más que notable: Catherine Wyn-Rogers (¡58 años!), que ya estaba en 1999 con A. Davis, encarna al Ángel con gran musicalidad, una línea de canto muy depurada y una especial capacidad para desenvolverse a media voz y en pianissimo. Pero creo que el componente más destacado del trío vocal es Thomas Hampson, que a sus 61 años conserva la voz en soberbio estado -firme, segura, redonda- y que es un músico y un cantante consumado. El conjunto coral resultante de la Ópera Estatal y el RIAS de Berlín puede pelear con las mayores y justamente celebradas formaciones británicas. Y en cuanto a la Staatskapelle Berlin, creo que ninguna otra orquesta me ha gustado tanto, ni siquiera (estoy de acuerdo con Fernando López Vargas-Machuca) la Filarmónica de Berlín. La combinación ideal para El sueño de Gerontius sería para mí -sin dudarlo un momento- Baker/Gedda/Hampson/ Barenboim. Pero esto es ciencia ficción, claro...

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